Y precisamente en ese momento lo siento, es él, está dentro de mí... es un instante. Un salto, una zambullida al revés... Un dolor agudo, un agujero en la oreja, un pequeño tatuaje, un diente caído, una flor recién brotada, una fruta arrancada, un paso alcanzado, una caída esquiando... Sí, eso, una caída esquiando en la nieve fresca, fría, blanca, recién caída, directamente del cielo, y tú que estás allí, con el rostro levantado, resbalando aún, riéndote, avergonzándote, abriendo la boca todavía llena de nieve, tú, negada, tú, divertida, tú en la primera caída, en tu resbalón... En aquella nieve, blanda y limpia, igual que yo me siento en este momento. Finalmente. Ya está dentro de mí, en mi vientre, auxilio, auxilio... Pero qué bonito. Sonrío, alejo el dolor, vuelvo a sentir, a probar, un pequeño mordisco... Estoy bien, me gusta, lo quiero. Como sus letras, en piel, desde hoy, grabadas para siempre dentro de mí.
- Tengo ganas de ti.
+ ¿Qué has dicho?
- No me tomes el pelo.
+No, te lo juro que no te he entendido.
Lo miro a los ojos y me pierdo embelesada por su mirada, por esos ojos que contienen amor, o quizás no, pero no me lo pregunto, ahora no... Y me habla, y no lo entiendo, y suspira en mi oído, y el viento, que se lleva sus palabras, y sonríe, y se ríe, y me gusta, y un montón, y no entiendo, y le beso las manos, y se lo repito...
-Tengo ganas de ti...

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