
Y me lo creí. No me di cuenta de que para ti solo era un puto juego. Caí como una niña inocente a la que un desconocido le regala una piruleta para llevársela. A mí me llevaste contigo. Y no me di cuenta de que, con el as que tenías en la manga escondido hacías un poker y me dejabas sin nada. Sin corazón a penas, sin nada.
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